En lo más profundo de todos los seres vivos existe un libro. Un código escrito por ADN y proteínas que contiene la mayor parte de la información genética que nos acompaña durante nuestra vida. Y como lenguaje escrito que es, consiste en exponer mediante estos símbolos químicos una determinada apariencia. Es decir, expresión génica a la que, como no podía ser de otra forma, las plantas se encuentran unidas inexorablemente.
Árbol torcido por acción del viento
Con todo esto quiero decir que las plantas poseen una material genético, pero que dependiendo del ambiente nos ofrecen una expresión de este material genético determinada. Por ejemplo, sabemos que el filodendro (Monstera deliciosa) posee un tallo grueso que puede alcanzar una cantidad considerable de metros de altura, así como, unas enormes hojas decorativas segmentadas. Pues bien, cada planta de filodendro posee un genoma que expresará unos caracteres en detrimento de otros y en mayor o menor media según el ambiente donde se cultiva.
Monstera deliciosa es un buen modelo para explicar la expresión génica porque es una planta que podemos encontrar en diferentes atmósferas y en varias formas de cultivo. La encontramos en interior y exterior, en maceta o en parterre, con mayor exposición a la luz y con menos, expuestas a mayor o menor temperatura,… y en cada uno de estos ambientes presentara diferencias perceptibles como pequeños detalles. Unas serán más altas o menos, otras tendrán las hojas mas grandes que otras, algunas presentaran un verde más intenso y algunas observaremos como tienen un color más apagado. Y esto será lo que nos muestra de su genoma el filodendro.
Hoja de filodendro (Monstera deliciosa) © Egle P.
El ambiente o atmósfera, lo que decide el aspecto exterior que tendremos los seres vivos, se conoce con el nombre de fenotipo. Algo que nos pasa desapercibido porque son simples detalles, pero que para el desarrollo de las plantas y su valor ornamental tiene mucha importancia.
Hace un par de años un equipo de investigadores del Centro Riken de Ciencia de los Recursos Sostenibles (CSRS) de Japón, realizó un descubrimiento que puso de manifiesto la implicación que tiene la luz en la expresión génica de las plantas. Concretamente, cuando una semilla germina y la nueva plantita emerge del suelo exponiéndose a la luz del sol, se activa la expresión de ciertos genes que se encuentran silenciados. Gracias a esta incidencia de la luz solar, la planta puede crecer y comenzar a realizar la fotosíntesis.
Nueva planta germinando © Andreas Goellner
El contenido genético de todas las plantas es prácticamente el mismo y cuando la luz incide en ellas se inicia un proceso en el que el gen responsable proporciona instrucciones para crear una producto funcional, normalmente una proteína, que realiza una labor concreta en la célula vegetal. El caso es que no todos los genes se expresan al mismo tiempo ni en todas sus células y esa sutil circunstancia transformada en aspecto final es la que nos muestran las plantas.
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