Sabemos que cada especie vegetal tiene su propio ritmo de crecimiento. Existen majestuosos árboles que pueden vivir cientos de años y plantas cuyo ciclo vital se completa en menos de lo que dura un año para los seres humanos.
Plántula germinando © José Camba
Este paso efímero por espacios verdes de plantas anuales conlleva una impermanencia. Desaparecen, si. Pero vuelven una y otra vez, como las olas del mar a la orilla de la playa que van y vienen.
Brotes germinando nos recuerdan la llegada de la primavera, la caída ocre de hojas nos hablan del otoño, las posteriores ramas desnudas no duran siempre,… y es que la impermanencia de las plantas forma parte del constante ciclo de la vida.
Brote primaveral © Appleando
Las plantas anuales son aquellas cuya vida transcurre durante una estación del año. Pero esta característica hay que matizarla, pues dependiendo de la zona del mundo donde se cultiva la planta la estación durará más o menos.
Es decir, que la presencia de la planta no tiene que coincidir exactamente con las páginas del calendario que corresponden a cada estación.
Hojas de otoño © Glas-8
También es cierto que a pesar de esta discrepancia, las plantas impermanentes se clasifican en anuales de verano y anuales de invierno.
Las semillas son básicas para la continuidad de estas especies vegetales, pues garantizan que cada año vuelvan a emerger del suelo.
Como habrás observado, estas características recuerdan a un tipo de plantas muy concreto. Exacto. Las llamadas “malas hierbas” son plantas anuales casi en su mayoría. Pero no existe exclusividad por parte de las hierbas espontáneas en tener un ciclo vital tan corto.
Ammi visnaga es una “mala hierba” anual © Patricio Novoa
Exceptuando los árboles frutales o productivos de algún tipo, las plantas cultivadas son anuales (los cereales por ejemplo). Y muchas de las que no lo son, hacemos que se comporten como tales con las prácticas agrícolas.
Cultivo de cereales © Daniel Tabas
En jardinería la presencia de plantas impermanentes no es tan acentuado, pero también son frecuentes. Suelen aparecer en parterres o glorietas, y nos indican al cultivarlas el cambio de estación.
Como en la naturaleza, en el jardín existen anuales de verano y anuales de invierno. Y como en la agricultura, con la actividad jardinera, algunas hacemos que se comporten como anuales.
Este último es el caso de la flor de pascua (Euphorbia pulcherrima), que se cultiva en determinadas fechas, pero que si encuentra las condiciones necesarias para crecer puede llegar a convertirse en un arbusto considerable.
Flor de pascua cuando se deja crecer como arbusto © Forest and Kim Starr
No obstante, como digo, la mayoría de las plantas anuales usadas en jardinería son realmente de ciclo corto.
La caléndula (Calendula officinalis) es una de estas plantas anuales. Es una margarita que posee flores de color amarillo o naranja muy intenso. Procede de la región mediterránea por lo que prefiere estar a pleno sol y es de las anuales de verano.
Caléndula © trollhare
Esta planta no ha sido elegida al azar, pues el nombre calendas hace referencia al calendario romano. Y es que en la Roma Clásica calendas no era solo una planta, pues también era el primer día del mes.
Es solo una referencia en el nombre del género de la caléndula, pero de algún modo pone de manifiesto el carácter impermanente que poseen estas plantas de jardín.
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