A veces las flores acaparan todo el protagonismo en cualquier jardín, pero lo cierto es que las plantas poseen otras virtudes de las que podemos sacar provecho en decoración y, ¿por qué no?, enfocar esta ventaja a un aspecto más práctico. En este artículo abordamos como podemos aprovechar los frutos de nuestras plantas para incrementar el valor ornamental de nuestro espacio verde.
Cotoneaster (Cotonoeaster horizontalis) © Alicja
Cuando no disponemos de una superficie grande para crear un espacio verde, porque no nos permite acumular muchas plantas, o incluso cuando tenemos un gran jardín, porque las plantas siguen su ciclo y no se encuentran siempre en floración, podemos encontrarnos con épocas del año en las que no tengamos ni una sola flor. Los frutos de las plantas son una alternativa para dar un cambio a la monocromía verde que suele regir entre los vegetales.
Además, algunos de estos frutos son súper atractivos. Incluso hay especies vegetales que se cultivan más por el aspecto ornamental de sus frutos, que por sus flores pues no destacan especialmente en un conjunto verde. En este apartado podemos incluir especies como la piracanta (Pyrancantha coccinea) o el cotoneaster (Cotonoeaster horizontalis), plantas de sierra que se encuentran más que adaptadas a las condiciones de la península ibérica y que nos proporcionan un tono alegre con una copiosa fructificación en forma de bolitas con colores rojos, naranjas o amarillos.
Callicarpa bodinieri © Amy
Pero más allá de frutos empleados para decoración vegetal, una costumbre que se está perdiendo en muchos espacios verdes es cultivar plantas que den frutos que se puedan comer. Hablamos de plantas de toda la vida con frutos no solo ornamentales, también enormemente sabrosos.
Y es que aún se pueden ver algunos jardines con un níspero (Eriobotrya japonica), con su fruto pomo, su forma de pera pequeña de color anaranjado y su sabor dulce mezclado con con un toque ácido. O la higuera (Ficus carica), que posee un fruto en drupa, madurado en verano del color verde hasta púrpura casi negro y que es delicado, rico y dulce. Hasta una parra (Vitis vinifera), que proporciona sombra al jardín cuando lo dejamos crecer envolviendo una pérgola, posee un archiconocido fruto en forma de baya globosa que se agrupa en racimos y cuya pulpa es dulce y jugosa.
Parra (Vitis vinifera) © Manfred Richter
Antiguamente estos y otros frutos eran muy comunes en los espacios verdes. Una cualidad de las plantas que era determinante para su cultivo, pues no se concebía un uso estrictamente ornamental sin el uso práctico. Era el jardín como símbolo de belleza, sí, pero también era un espacio verde que proporcionaba recursos y donde disfrutar de una rica fruta era posible. La vista y el paladar se daban de la mano en aquel huerto de placer.
Higuera (Ficus carica) © ajcespedes
Con los años poseer un jardín con especies vegetales que proporcionen alimentos empezó a representar para una parte de la sociedad bajo nivel de recursos y, por tanto para estos individuos, cultivarlos implicaba pertenecer a una clase social baja. De ahí se llegó incluso a cultivar plantas que originalmente daban frutos comestibles por otras especies del mismo género cuya fruta ya no se podía comer. Por suerte nunca es tarde si la dicha es buena y estamos a tiempo de retomar el cultivo con frutos comestibles y añadir ese valor al jardín.
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