La entrada a una casa debe de ser una invitación a pasar, un espacio ajardinado que nos dé la bienvenida y nos envuelva en su encanto. Este principio se manifiesta espléndidamente en Le Clos Normand, el jardín que Claude Monet, maestro del Impresionismo pictórico, creó en su hogar en Giverny. Este hermoso jardín no solo refleja el talento artístico de Monet, sino también su pasión por la jardinería y su amor por la naturaleza.
Le Clos Normand © Globetroteur17
Breve recorrido por Le Clos Normand
Auxiliado por su inspiración artística, Monet creó un jardín como si de una “pintura ejecutada directamente por la naturaleza” se tratase. Y es que, al mudarse a Giverny, el pintor quedó encantado con el jardín de una hectárea que incluía un huerto de manzanos y un camino en cuyo margen crecían cipreses y abetos. Este primitivo jardín constituía la antesala a su hogar.
Vegetación en Le Clos Normand © Globetroteur17
Pasado un tiempo, decidió cambiar bojes y abetos por arcos de metal y transformó los márgenes del camino en un espacio herbáceo con fuerte influencia de capuchinas, narcisos, lirios y peonias.
Arcos metálicos © Patrick
En la actualidad, los arcos de metal quedan cubiertos por rosales y bajo su sombra prosperan malvarrosa, candilera y altramuz. En ocasiones, las capuchinas invaden el camino de grava que lleva a la casa, mientras que la leve sombra de los rosales favorece el crecimiento de las prímulas y rododendros. En verano, el jardín se ilumina con las flores de cosmos, delfinios y geranios.
Sendero invadido por las capuchinas © Laurent D’orazio
Y, por supuesto, crecen junto a estas herbáceas los lirios, pues Monet sentía predilección por ellos, en especial la fragante especie Lilium aurantum.
Tres años después de adquirir Le Clos Normand, Monet se hizo con un terreno adyacente de 15 hectáreas, el cual con dedicación y paciencia acabó transformando en el famoso jardín de estilo inglés que todos conocemos gracias a los cuadros que el pintor le dedicó y que conocemos en su conjunto como Giverny.
Especies vegetales en Le Clos Normand
Las flores naranjas, rojas y amarillas que a veces invaden el sendero corresponden a las capuchinas (Tropaelum majus), una especie rastrera que puede ser usada como trepadora aunque son plantas habituales para crear una cubierta vegetal.
Capuchinas (Tropaelum majus) © Pedro Moreiro López
Las rosas (Rosa spp.) que trepan sobre las estructuras metálicas aportan elegancia clásica y fragancia al conjunto de Le Clos Normand. Igual ocurre con los lirios (Lilium aurantum) que tanto gustaban a Monet.
Lirio japonés (Lilium aurantium) © David Martín Clavo
Peonías (Peonia spp.) con sus enormes flores en primavera, malvarrosa (Alcea rosea) con altos tallos de inflorescencia espigadas, candilera (Verbascum lychnitis) de blanca floración estival o los altramuces (Lupinus spp.) que destacan por la altura que alcanza su agrupación de flores, son algunas de las especies herbáceas notables en Le Clos Normand.
Peonia © bluefootedboody
Lupinus spp. © Sergey Urzhumskov
No podemos olvidar a los cosmos (Cosmos bipinnatus) una herbácea de la familia Astaraceae con flores en forma de copa muy llamativas o los delfinios (Delphinium elatum), cuyas grandes flores forman una inflorescencia en espiga durante el verano.
Cosmos © A Peach
Delfinio © The Peach Martini
Como vemos por la selección de especies vegetales y su cuidada distribución, Le Clos Normand es testimonio de la pasión de Monet por la naturaleza y su habilidad para crear belleza tanto en el lienzo como en su jardín. Un lugar cuya disposición geométrica es eclipsada por la apariencia vivaz y desordenada de la vegetación. Un espacio donde el arte y la jardinería se encuentran en perfecta armonía. Al recorrerlo, uno no puede evitar sentirse inspirado por la dedicación y el amor que Monet puso en cada rincón de este paraíso floral.
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