A finales del siglo XIX, la deforestación que empezaban a sufrir los bosques de la Península Ibérica, provocó una medida de urgencia que paliara los efectos adversos a la falta de una masa forestal que se desvanecía por las extensas vías pecuarias, las desamortizaciones, la privatización de grandes terrenos o el éxodo rural. Una amplia superficie degradada en la que se optó por plantar una especie arbórea procedente de Australia, el eucalipto, de rápido crecimiento, fácil adaptación a suelos pobres y con un enorme valor económico para la industria papelera.
Bóveda verde formada por eucaliptos © ekaterinvor
Un paradigma esta definido en el diccionario como una teoría o conjunto de teorías cuyo núcleo central se acepta sin cuestionar y que suministra la base y modelo para resolver problemas y avanzar en el conocimiento. En el caso del paradigma del eucalipto se estableció la teoría incuestionable de que un árbol de rápido crecimiento poblaría en un breve período de tiempo bosques degradados y de esta manera se resolverían en un abrir y cerrar de ojos los problemas de deforestación que ocurrían en aquella época.
En efecto, los bosques se poblaron en décadas. Sin embargo, al no cuestionarse la teoría principal, se perdió el enfoque de otros problemas asociados a la introducción de un árbol alóctono. Se eliminó un problema pero apareció otro. El eucalipto es una especie arbórea que realiza una fuerte competencia por los recursos con las especies autóctonas a las que acaba por desplazar.
Corteza de eucalipto © Jardines Que Me Gustan
Otras plantas no son las únicas damnificadas por la competencia del eucalipto. Insectos, animales, principalmente aves, también se ven afectados por la baja calidad que posee para el ecosistema el humus elaborado en los bosques de eucaliptos. El sustrato pobre en nutrientes afecta a los productores primarios (hierbas, hongos,…) del bosque, que deja una limitación de alimentos a insectos y herbívoros. Estos a su vez, al desaparecer, reducen recursos a los niveles tróficos superiores (aves y depredadores). Es decir, que una población de eucaliptos afecta negativamente a la biodiversidad del ecosistema en el que habita.
Hojas de eucalipto © Forest and Kim Starr
Paradigma a parte, los eucaliptos poseen cierta majestuosidad cuando los encuentras en parques públicos. Su elevado tamaño que alcanza los sesenta metros de altura y su porte en forma de columna, crea la sensación al adentrarte en un bosque de eucaliptos de estar recorriendo una enorme bóveda peristilada de color verde y muy natural.
Carretera con Eucalyptus globulus © Forest and Kim Starr
De las especies introducidas para repoblación destacan dos, Eucalyptus globulus o eucalipto blanco que se distribuyó en Galicia y la cornisa cantábrica, así como, Eucalyptus Camaldulensis o eucalipto rojo que ocupó grandes superficies en el suroeste peninsular. Hay más especies. Una en concreto es muy curiosa, Eucalyptus deglupta o eucalipto arcoíris cuya corteza multicolor es realmente llamativa.
Eucalyptus deglupta o eucalipto arcoíris © Forest and Kim Starr
Una mención especial merecen las hojas del eucalipto. Grisáceas, ovaladas y alargadas, carecen de pecíolo, contienen un característico aceite esencial que actúa como un potente desinfectante natural. Olor particular fácilmente reconocible de una sustancia que ha contribuido a crear el paradigma del eucalipto ya que es una de las técnicas que utiliza el árbol para eliminar la competencia vegetal en un ecosistema.
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