Hace unos días hablábamos de plantas mutantes y nos asomamos a la ventana de la evolución, de como hubo plantas que habían adquirido características que les permitieron una ventaja frente a adversidades y así han llegado hasta nuestros días. También dejamos entrever alguna pincelada de que esa evolución y adquisición de nuevas características se pueden inducir en un laboratorio, una avance científico que nos conduce a una pregunta ¿Cómo serán los vegetales del futuro?.
Campo de maíz © Maja Dumat
Muchos de esos vegetales del futuro ya se encuentran entre nosotros y han llegado con polémica. Los vegetales transgénicos o plantas mejoradas genéticamente, surgieron a finales del siglo XX como respuesta a la creciente demanda de alimentos debido a la superpoblación de nuestro planeta. El ser humano fue capaz de crear nuevos organismos con una recién adquirida capacidad de hacer frente a plagas y enfermedades, así como, incrementar el tamaño y la producción de las semillas o los frutos.
El método para crear nuevos individuos leído sobre el papel es sencillo. Simplemente consiste en introducir en el código genético una característica de un individuo donante en otro individuo receptor. Un ejemplo es el algodón Bt, un vegetal que ha recibido la característica de una bacteria llamada Bacillus thuringiensis para producir una sustancia con poder plaguicida de manera que el algodón es capaz de hacer frente sin necesidad de químicos artificiales a determinados insectos dañinos. El algodón no es el único vegetal que ha recibido la característica insecticida de B. Thuringiensis, pues es una de las fuentes más frecuentes para obtener plantas genéticamente modificadas.
Algodón Bt © Abhishek Srivastava
Este es uno de los cambios que se prevé de cara al futuro. Vegetales que “roban” características a otros, más fuertes, resistentes, con frutos longevos, más grandes y numerosos. O tal vez, si nos adentramos en el terreno de la planta ornamental, especies con flores de colores imposibles, incluso, aprovechando efectos de luminiscencia y creando algunas que se iluminen en la oscuridad. Tan solo hay que incorporar en una planta la capacidad del hongo Omphalotus olearius de producir una encima particular que posee y que le confiere la habilidad de emitir una tenue luz en la oscuridad.
El hongo O. olearius se ilumina en la oscuridad © Pehuén Baravalle
Otro gran cambio que empieza a emerger esta relacionado con el tema de la super población y la necesidad de aprovechar el espacio. Los huertos verticales están generando toda una revolución a la hora de optimizar cada metro cuadrado de superficie, creando un reto complicado desde el punto de vista de la ingeniería. Altas naves, con un complejo entramado de sistema de riego, elaborados sistemas de iluminación que cubran las necesidades de luz de las plantas sombreadas, plataformas elevadoras que permitan las actividades de trabajo en los cultivos, así como, complejos cálculos que garanticen la fiabilidad de las estructuras pueden llegar a ser denominador común en las granjas del futuro.
Cultivos verticales © Blaine O’Neill
Unas condiciones específicas de cultivo que provocan la necesidad de vegetales capaces de desarrollarse como cultivos hidropónicos y que dependan de luz artificial para desarrollarse. Es decir, plantas con raíces adaptadas a tomar nutrientes directamente desde el agua y con necesidades de luz muy similares a las plantas de interior.
Cultivos hidropónicos © InnoEnergy
El futuro es ahora. Muchos de estos cambios que hace muy poquitos años nos parecían ciencia ficción ya se empiezan a notar con fuerza. Tanto las plantas genéticamente modificadas como los jardines verticales han completado un período de asentamiento y comienzan otra nueva etapa de desarrollo que nos abre una abanico de posibilidades determinantes a como serán los vegetales del futuro.
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