preguntaron cuál era mi jardín favorito. Tras meditarlo durante algunos minutos
y pensar en todos los grandes jardines del mundo que conozco, algunos que he
tenido la fortuna de visitar, otros que conozco por haber leído sobre ellos,
todos creados y diseñados por grandes paisajistas, hubo uno que acudió a mi
memoria.
natal, yo a solas y sentado en el primer peldaño de la escalera de mármol. La
vela estaba echada, sumiendo el ambiente en una fresca penumbra, y sobre la
lona, por donde se filtraba tamizada la luz del mediodía, una estrella destacaba
sus seis puntas de paño rojo. Subían hasta los balcones abiertos, por el hueco
del patio, las hojas anchas de las latanias, de un verde oscuro y brillante, y
abajo, en torno de la fuente, estaban agrupadas las matas floridas de adelfas y
azaleas. Sonaba el agua al caer con un ritmo igual, adormecedor, y allá, en el
fondo del agua unos peces escarlata nadaban con inquieto movimiento,
centelleando sus escamas en un relámpago de oro. Disuelta en el ambiente había
una languidez que lentamente iba invadiendo mi cuerpo.
Mi jardín favorito no
fue creado por ningún afamado paisajista, sino por mi abuela. El jardín que
recordé fue el Patio que mis abuelos
tenían en su casa de Morón de la Frontera en Sevilla, y que ella había “creado
y diseñado”, sin poseer conocimientos de ingeniera como yo, pero que había
florecido y se había hecho magnífico gracias al trabajo, a la observación y a
la experiencia que había adquirido a lo largo de los años.
levantaba cada mañana muy temprano, se calzaba sus botas de agua y se afanaba
en mantenerlo con un aspecto estético inmejorable. Para mí sin duda el Patio de
mis abuelos es mi jardín favorito, y
eso que por desgracia tras la desaparición de mi abuela ya no existe, o más
bien, ya no existe como lo conocí en mi infancia.
partir de esta reflexión pensara, ¿cómo es posible que este sea mi jardín
preferido? Y la respuesta es simple. Por la huella emocional que había dejado
en mi subconsciente.
ser emocional, sentimos y un jardín es
sentimiento hecho lugar (si me permites que te copie la idea Eleuterio). Lo
primero que nos viene a la memoria es lo que percibimos a través de los
sentidos. Por eso vino a mi memoria el patio – jardín de mi abuela, porque
tengo incrustado en mi subconsciente la explosión de color de los geranios en
flor, el olor azahar, el frescor de la grama recién regada, el sabor de las
naranjas…
de plantas, agua, piedra, aire, etc. Es trabajo del diseñador de jardines
encontrar un equilibrio entre todos
esos elementos que forman el conjunto. Armonía, espacio, proporción y botánica,
son todos conceptos que se aprenden en las escuelas de jardinería y, con mejor
o peor criterio, todos podemos aplicar.
diferencia en grandes diseñadores y diseñadoras del paisaje, los que han creado
los jardines mundiales que nos maravillan, tienen algo más aparte de equilibrio
y armonía. Son jardines capaces de emocionar. Eso es lo que los ha hecho
destacar. Sus jardines han incrustado una huella
emocional en nuestro subconsciente, que hace que nos maravillemos, los
recordemos a pesar de que no podamos disfrutarlos y visitarlos todos los días.
paisajistas (yo el primero), debemos de crear jardines capaces de emocionar,
jardines generadores de sentimiento y perdurables en la memoria. Para lograr
esto no es necesario ser un experto diseñador de jardines, tan solo es
necesario poseer cierta sensibilidad
hacia el medio que nos rodea, ser capaces de identificar la esencia de un
jardín para poder transmitirla.
creado en mí una huella emocional es el Jardín de la Caridad, un jardín pequeñito
que se encuentra en la ribera del Guadalquivir. La esencia de este jardín se centra en su herencia como último bastión
de lo que un día fue el jardín de la delicias (delicias, emoción, sentimiento…).
sobre el que escribí en este blog porque anteriormente había tenido que
realizar un inventario botánico del mismo. Ya sé que no es Versalles, pero es
un jardín que ya tiene su historia, su huella y cada vez que paso por allí
recuerdo como me empape de la esencia del lugar.
historia de la estatua que Antonio Susillo dedicó a la memoria de Miguel de
Mañara, y que se convirtió en la obra póstuma del escultor tras su trágica
muerte después de que sintiera el desamor de su segunda esposa.
es posible tener un jardín, que no sea un jardín cualquiera, sino un jardín
emocional, el jardín de los sentidos, el sentimiento hecho lugar. Un jardín que
no puedas olvidar a pesar de la distancia y el tiempo.
de que quizás no puedas tener tu propio jardín, pero lo que siempre podrás es conocer
los jardines que tienes cerca, disfrutarlos, vivirlos, dejarte emocionar por
ellos. Permitir que te dejen su huella.
¿Qué jardín ha sido
capaz de emocionarte y dejarte huella? Participa y deja tu comentario al final
de este post.


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